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Ronda:
Ronda y su arquitectura

The City and the Market Ancestral and palace homes
Modernist Architecture Andalucian white homes
Casas Blancas Andaluzas

Aún quedan en Ronda casas blanqueadas y calles con reminiscencias moriscas. Aunque muy renovado el caserío rondeño en la parte antigua, conserva mucho de su pasado musulmán. A pesar de las transformaciones sufridas a lo largo de los siglos, algunas zonas de Ronda se nos presentan con un trazado laberíntico, usual en las ciudades medievales. La prioridad que la cultura musulmana concede a lo privado sobre lo público se hace patente no sólo en el trazado de sus calles -estrechas, empinadas y muchas de ellas sin salida- sino también en la tipología tanto interior como exterior de sus edificios. Aunque no son muchos los que han llegado a nosotros, algunos de ellos son los suficientemente significativos como para hacernos una idea de su cultura y modo de hacer. Según Pulgar la medina tenía dos arrabales, el Alto o Arrabal Nuevo o de las Mancebías (en época musulmana), luego Barrio del Espíritu Santo, y el Bajo o Viejo o de las Curtidurías o de las Juderías (en la otra parte del río), después llamado de las Mancebías al instalarse allí éstas en época cristiana, y más tarde Barrio de San Miguel. La Mozarabía se encontraba, probablemente, en las Peñas del Mercadillo, extramuros de la ciudad. Y posteriormente, tras la conquista castellana, el Barrio de San Francisco que fue aumentando su caserío, extendiéndose desde la puerta de Almocábar hasta el convento del mismo nombre, que, situado en el camino que va a Gaucín y Gibraltar, actuó como polo de atracción del barrio.

Pues bien, en estos cuatro barrios pueden observarse claramente en sus casas y en el trazado de sus calles cierto sabor de la época musulmana: casas blanqueadas, tejas de barro, pequeñas ventanas y puertas, calles estrechas y empinadas. Estas viviendas bajas, encaladas y las rejerías (cierros) responden más bien a un urbanismo cristiano posterior, si bien enraizadas en la tradición morisca.

El Barrio del Espíritu Santo es él único que conserva aún algunos aspectos de su estructura primitiva, y el sabor de sus callejuelas musulmanas. El trazado de sus calles sigue las características fundamentales del urbanismo islámico.

En las afueras de la puerta de Almocábar debió estar la musara, espacio llano y extenso, apropiado para el entrenamiento militar y ejercicios y juegos de caballería tradicionales entre los musulmanes, y que continuó utilizándose con los mismos fines en tiempos cristianos. Más tarde en ese lugar, al formarse en época cristiana el barrio de San Francisco, sus casas se seguían construyendo al estilo de la época anterior, ya que se trataba de un arrabal donde habitaban principalmente modestos labradores que no ocupaban la zona noble de la Ciudad y el Mercadillo.